La Homínida.

Cuando me planteé escribir este blog con el título De mono a mujer tenía una

intención: la de hacer una revisión de la evolución de nuestro género desde el origen hasta nuestros días. Mi idea era aprender sobre el tema e intentar sacar el lado socarrón de ello, pero la entrada es en cierto punto descorazonadora… Allá vamos.

La .

Antes de leer distintos textos sobre la mujer en aquellos tiempos, he realizado una pequeña encuesta entre los amigos sobre las ideas que tienen de la Prehistoria.

Las contestaciones se pueden aglutinar en dos líneas: una más o menos religiosa y la otra más o menos científica. Por lo tanto verifico que es un hecho que las respuestas importantes las dejamos en manos de los que nosotros asumimos como supremas potestades: la religión primero y la ciencia después como apunta Mª Ángeles Querol en el primer capítulo de la Historia de las mujeres en España y América Latina[1]

¡Pues mal hecho! porque la primera no ofrece pruebas, sólo fe, y la segunda, en este tema, sólo puede darnos hipótesis.  Esto es debido a que el registro arqueológico de los tiempos prehistóricos es, por decirlo de alguna manera, escaso.  Vamos que son pocos los yacimientos y además resulta que no están donde estaban en origen[2]. Sin embargo la cantidad de textos desde finales del siglo XIX hasta nuestros días que hablan sobre cómo vivían y cómo se relacionaban entre ellos estos abuelos nuestros, son muchos.  Parece ser que el motivo de esto es que al ser humano en el momento en que nace, al cordón umbilical se le enreda ya la fatídica pregunta: ¿dónde voy? (Por otra parte con toda lógica, si lo pensamos un poco..).  Tras años de vida y sucesivas medidas  la pregunta pasa a convertirse en exclamación: ¡Coño, que me voy! y así, ante el hecho de que el futuro acorta su longitud, la pregunta natal se retoma: ¿A dónde iré? – futuro simple post Morten del verbo ir.

Antes del diecinueve si alguien se atrevía a pensar en estas cuestiones le sacudían con la biblia en la cabeza y punto. Al hombre, el del pene, le había creado dios y la mujer había salido de una costilla de “el del pene”.  Eso respecto al origen, en cuanto al destino más valía que te sujetaras a las sagradas escrituras con fuerza si no querías estar deseando morirte eternamente, una vez muerto claro.

Cuando Darwing en 1859 da a luz su famosa obra El , pega una patada a la teoría religiosa del Génesis e introduce en las cabecitas más abiertas la teoría de la evolución. Sin embargo Darwing parte de la premisa ya integrada a cal y canto en todas esas cabecitas de que la mujer por el hecho de parir es un ser menor. Y esto no cambia; sea la opción que el hombre provenga de un momento artístico del “summus” o que descienda de un bicho peludo, la mujer es una artilugio con patas de donde salen las crías y no por el costillar precisamente.

Así que en resumen: la Elvira homínida que vivía en una cueva rodeada de casquería  no era más que un contenedor que transportaba a un “otro” de la pregunta ¿de dónde vengo? y lo arrojaba al ¿a dónde voy?. Entre un porte y el siguiente no hacia nada más que esperar: a que le trajeran la comida;  a que el recién aterrizado  tuviera hambre; a que otro pasajero en tránsito requiriera de sus servicios, y supongo yo con ese panorama, a morirse pronto para no soportar por mucho tiempo semejante aburrimiento existencial.

Vamos que mi idea original de aprender sobre los orígenes de la mujer, qué hacía o en que consistían sus días, se va al garete por falta de datos.

Es cierto que hay estudios actuales que hablan de la mujer recolectora y de una sociedad cooperativa entre hombres y mujeres; y es cierto también que estas hipótesis son necesarias como pilares sobre los que se construya una historia nueva sin desigualdades. Es cierto, pero…

Querida abuela Homínida, te imagino corriendo por los campos armada con una cachiporra sacudiendo mamporros para ayudar a proporcionar el sustento a los tuyos. Te veo aprendiendo de los otros y enseñando a los demás lo aprendido cada día. Te supongo mirando al cielo, eructando después de una opípara cena y riéndote con los otros por ello.  Y quiero visualizarte durmiendo tranquila sin interrogarte sobre el futuro, consciente de que lo único que importa es haber disfrutado un día más en este viaje.

Conclusión: creemos, con una simplicidad infantil en mi opinión, que si averiguamos de dónde venimos tendremos respuesta a la pregunta de ¿a dónde vamos?  sin valorar si quiera que el lugar de origen, no tiene por que ser el mismo que el lugar de destino, si es que lo hubiere.


[1] QUEROL, Mª Ángeles.; MARTÍNEZ, Cándida.; MIRÓN, Dolores.; PASTOR, Reyna.; LAVRIN, Asunción. Historia de las mujeres en España y América Latina. De la Prehistoria a la Edad Media. 1ºvol.  Cátedra, 1ª ed., 2005.

[2] Ibíd pag 28.