“El predicador” de Erskine Caldwell.

En el capítulo 14 de “El predicador” dos de sus protagonistas Semon Dye y Clay Horey van a visitar a un tercero, Tom Rhodes. Este está en el cobertizo, “…sentado en un taburete, mirando por una grieta que había en la pared del cobertizo*

“…- No hay una sola cosa que valga la pena ver- dijo Tom-, y por otro lado hay todo un mundo que ver. No hay nada como mirar a través de la pared del cobertizo. Te sientas un rato, y en cuanto te despistas, ya no puedes apartar los ojos. Atrapa a un hombre como nada en el mundo. Te sientas, forzando la vista y mirando árboles o algo, y quizás empieces a pensar en lo estúpido que es lo que estás haciendo, pero no te importa un carajo. Lo único que te importa es quedarte ahí y mirar.*

 

Es posiblemente una de las escenas más extrañas que yo haya leído, también una de las más hermosas. En mi opinión está tan bien escrita que desde el principio tienes la sensación que estás entrando en algo absolutamente íntimo y profundo de Tom, su actitud como de alguien que ha sido pillado “in fraganti” , la de Clay y Semon … Y una vez que salvas el pudor que estás sintiendo, te das cuenta de que seguramente esa vergüenza tiene que ver contigo mismo y tus propios deseos de voyeur inconfeso.

No os lo perdais..

Otras obras maestras de Caldwell: La parcela de Dios  y  El camino del tabaco. Todo y mucho más lo vais a encontrar en la editorial NAVONA que está sacando a la luz títulos que son difíciles de conseguir y que están reeditando. Su precio es muy asequible. ¡Imprescindible!

 

*CALDWELL, Erskine. El predicador, 1ªed española, Navona, Barcelona, abril 2010. pág 137.

*Ibid. Pág 140.