Capítulo I: requiem.

            REQUIEM.

 

A las una de la tarde sonó el teléfono.

Después de tres golpes seguidos en las espinillas, cinco recuerdos a voz en pecho de todo el santoral y la firma promesa de no volver a fumar, llegué al armario donde había desterrado el aparato la noche anterior. Tras mi amable: “Pero quien cojones”… y unos cuantos ruidos metálicos, escuché la voz pastosa de mi agente al otro lado del océano:

- Richi, tenemos a uno.

- Te he dicho que no me llames Richi, capullo-

- He encontrado a alguien. No voy a decir que haya sido fácil pero está dispuesto a leerte siempre que le entregues un borrador en quince días.

Estiré la mano y encendí un cigarrillo. Me quedé en silencio pensando en la reserva de DYC que tenía en la despensa mientras Agente hablaba, hablaba y hablaba.

Mi nombre es , y al día de hoy soy un seco de la garganta hacia arriba y fermentado en whisky de la clavícula hacía abajo.

Hace diez años que publiqué mi primera y única novela: “A vueltas con el Tordo”. Desde entonces no he vuelto a pegarle a la tecla. Vivo de las conferencias y alguna intervención en mesas redondas que Agente me consigue. Bueno, para ser mas exactos, conferencias dadas sobre el título de la novela, porqué en realidad el interés que suscita el texto no va mas allá.

 – “En A vueltas con el Tordo”- comenta un aspirante a noticiero, -“realiza usted un paralelismo evidente entre la conducta agresiva de estas aves en su época de apareamiento, y la actual evolución del conflicto bélico en oriente medio”

O,  – “Con el canto de este pájaro, ¿simboliza usted las voces rogatorias que se elevan desde la actual ceguera moral?” –pregunta otro.

Y chorradas de este tipo. Me he convertido en un experto en no decir nada y el significado del título “A vueltas con el tordo” en el secreto mejor guardado. Pero lo cierto es que ya estoy harto de este mundillo y su mierdas pseudointelectuales…

¡Está bien! Srs Críticos ese título que tanto tiempo les ha ocupado no tiene el menor sentido, no es el reflejo de la psiquis del protagonista ni una metáfora del trascurso del tiempo. Es la frase con la que mi abuela me recriminaba que me la estuviera machacando, todo el día, detrás de las puertas, – ¡Siempre a vueltas con el tordo!- decía acompañando la fatídica sentencia con un pescozón lanzado al bies.

Agente continuaba  con su perorata habitual, dejé el aparato en la mesilla de noche, me levanté y fui a mear. 

Hace tiempo alguien me preguntó: -¿Por qué nadie escribe sobre la profesión de escritor? Quiero decir la “verdad” acerca del acto de escribir. ¿Tanto miedo tenéis?.

Supongo que si algún valiente dijera la verdad sobre este acto tan sobrevalorado le cortarían las pelotas al instante, se acabaría el negocio y todos lo farsantes descansaríamos en el infierno. R.I.P.

Cuando volví a coger el teléfono no se oía nada.

-¿Sigues ahí? –pregunté

- Si-

- Se había cortado Agente, repite lo que has dicho- le dije.

- ¿Cual de todo?-

- ¡No sé coño!, lo último-

- Lo siento Richi, no tengo otra opción. O me entregas algo, o tendremos que dejar de trabajar juntos.- me dijo después de unos segundos de silencio.

- No te escucho bien- mentí. Y colgué el teléfono.

Sentado en la cama me sujeté las sienes, me estallaban. Necesitaba aclarar las ideas. Agarré el vaso que tenía en la mesilla y le metí un trago; estaba aguado. Tenía dos opciones: empezar a escribir o ponerme a hacer cola en los comedores sociales. Estaba pensando seriamente en la segunda cuando el teléfono volvió a sonar. Agente era un buen tipo. Me aclaré la garganta y cogí el teléfono dispuesto a olvidar su salida de tono anterior.

-¿Digame? –dije como si no hubiera pasado nada.

-Papá, mamá dice que no tiene dinero.

¡Lo que me faltaba! Pensé – Pásame a tu madre-

Escuche como la madre que la parió le adoctrinaba sobre lo que tenía que decirme, por suerte mi hija estaba tan harta de su madre como yo.

- Díselo tú si quieres. Yo me piro- le respondió largándole el teléfono

- Llevas tres meses sin pasarme un duro. La niña tiene necesidades y parece que te la traen al pairo- escupió sin pausa.

Le corté la retahíla sobre mi falta de compromiso que seguía.

- La semana que viene entrego una sinopsis- respiré hondo-Te hago la transferencia entonces- continué sin creérmelo ni yo mismo.

-No me hagas reir Ricardo. Tendrías que soltar el vaso de whisky para poder coger un bolígrafo, “a mas” de que tu cerebro hace tiempo que se convirtió en terreno pantanoso.

- Se dice “además”. Y ¡ADEMAS! tengo dos manos, no necesito soltar el vaso para escribir.

- ¡Y la polla de la otra, sádico!- Berreó mientras empezaba a llorar. –Mira lo que me haces decir. Yo no soy así, sacas lo peor de mí. Eres el demonio- continuó a moco tendido.

- La semana que viene lo tendrás- Y le colgué asqueado.

Abrí el mueble bar y cogí el vaso de las grandes ocasiones. Lo llené hasta el borde y brinde a la mala salud de mi ex. Lo apuré hasta el fondo.

 Continuara….