EL LIMBO

Ayer, entre ruidos de tazas de café, escuché que el 22 de Abril del 2007 el limbo había desaparecido de la teología católica. Así, como si nada. Y este comentario realizado sin mayor relevancia me ha producido un revoltijo en el cajón de los sostenes. Hombre, partiendo de la base que su origen se remonta a las elucubraciones de los teólogos, allá por el siglo XII, no está mal. Por lo visto aquellos buenos hombres andaban un poco perdidos y no sabían donde ubicar a los que, cuando estiraban la pata no iban ni al cielo ni al infierno, y claro, tiraron por la vía del medio, ¡literal, hala, al medio! Pero el problema gordo no eran los adultos, que ya se sabe que todos tenemos un pasado al que poder hacer culpable a la hora de ir al cielo o al infierno, el problema eran los niños. Los pobres tenían que esperar a que la madre iglesia los ubicara, y como a los lumbreras de las faldas no se les ocurrió nada plausible para solucionarlo inventaron el limbo.

…..”Es muy probable que estos niños no vayan directamente al cielo al morir, sino que deberán pasar un tiempo más o menos largo en un estado intermedio de espera hasta que sean salvados”, (Está copiado de un artículo, escrito por alguien que se dedica a “predicar” a personas con necesidad de creer en algo, en algún sitio), y se quedan tan a gusto soltando semejante barbaridad.. Naces, no creces, te mueres y encima te jodes en un apeadero de mierda esperando la llegada del siguiente tren hasta que seas salvado. Cuando yo era niña, y tenía poco pasado del que arrepentirme, recuerdo que uno de mis mayores miedos era el jodido limbo. Me imaginaba un sitio frío, en el que no se veía más allá de las narices de la niebla que había y en el que yo llamaba continuamente a alguien sabiendo que estaba sola. Y eso que en aquel tiempo desconocía que la duración en tan lúgubre estancia dependía del número de personas que tuvieran a bien elevar sus rezos al altísimo: a mayor cantidad de plegarias, más papeletas tenías para el sorteo de un piso en el cielo… Entonces, en un barrio humilde y proletario de Valladolid, donde los pisos no eran exactamente las mansiones celestiales prometidas, el colegio al que yo asistía estaba ordenado por monjas que amenazaban con todo tipo de males. Ante ese destino que se cernía entre los parabienes del cielo y el fuego del infierno, el pecado de la indecisión estaba castigado en mi cabeza con una eternidad domiciliada en el limbo. Poco importaba que estuviera bien bautizada. No podía decidirme; me encontraba en el cadalso y el verdugo me apremiaba: -¿cielo o infierno?. – Mira niña, que te vas al limbo- Pero no había forma, la indecisión me bloqueaba; por más que quisiera no podía creer, y en aquel tiempo eso se castigaba. Hoy, que ya soy adulta, de la infancia me ha quedado el sentimiento de culpa y una imposibilidad manifiesta a tomar una decisión. No creo en el cielo, tampoco en el infierno y en el limbo dejé de pensar.

Pero cuando he escuchado la noticia de su desaparición he recordado mi miedo, y al leer ese exabrupto con olor y sabor a mala hostia que daban como alivio ante la incomprensión de una muerte infantil, y pensar en la ligereza con la que manejan sus dogmas, no puedo dejar de revolverme y gritar: ¡no tenéis vergüenza! Deseo con todas mis fuerzas vivir lo suficiente para contemplar, con un pitillo entre los dientes, la caída de los muros de la iglesia. Sueño con el día que devuelvan todos los tesoros expoliados a la gente a golpe de amenazas de perpetuos sufrimientos. Reivindico esa educación para todos que nos permita reflexionar sobre la existencia sin mentiras. Puede que hasta entonces pasen otros doce siglos; no me hago una idea del sistema que imperará en ese momento; no sé que tipo de sociedad reinará ni en lo que creerán, pero de lo que estoy segura es de que ese día llegará y cuando llegue, el universo se abrirá en una antigua, larga y eterna carcajada.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>